El pez en la ventana

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Desde el vidrio verde de su mirada pez ella traduce el mundo mientras sombra de adentro y luz de afuera se muta y se asimila.

Versos del agua, peces nadando en el lenguaje, define Rendón en el prólogo. Pez de lluvia no olvida, enciende la noche, vuela sombra en la pelvis, el cielo es la salida entre escombros de escarcha y pies que arden, gotas de sangre y agua de ancestras en la arena de voces silenciadas mientras Alejandra y Anais se dejan tejer entre los versos y la docencia es vida que florece. Pájaro contra el viento en jardín deshabitado, “hay estampidas que pulsan bajo la piel”, dice Godoy, belleza y crueldad, fuego extremo contra la nieve, diálogos encendidos a la luz de un malbec y voces que iluminan: lo bueno de los cortes de luz es que recuperamos las estrellas, y voces que laceran: Inútil.  Toda esta cosecha pasa por el cedazo de la poesía para celebrar desde el jardín al otro lado del vidrio la vida contra todo pronóstico. “No hay obstáculo entre la piel y la escritura”, revela el poema, y las preguntas nadan entre las sombras hacia un puerto de manos vacías.

Sobre el blanco brillante de la tapa se destaca el nombre del libro y desde el centro nos mira un ojo verde ondulando inquisidor, es El pez en la ventana, escrito por Marisa Godoy, diseñado y editado por Francisco Maffeis de Ediciones Orcalumis, ilustrado por Darío Ramos y publicado por Ediciones De la grieta.

En verde al inicio, aleta y página instalan el color de la vida-jardín-pañuelo-mar como en la aleta, cola y ojo del pez que ondula lúdico para hacernos sentir todo lo bello y lo no tanto, lo del adentro y el afuera, la viditancia expresada en versos y en una canasta las frases del amor, de los vecinos, de las mujeres silencio a flor de piel.

Cada parte del libro está imbricada con una ilustración de Darío en conjunción directa con el texto. Diseño y significado se amalgaman y la respiración del poema es una sola, se exhala por sí misma, un mismo aire, sabor del paladar en el malbec o en el té con canela y jengibre de la ruca.

Con sutileza y en clave de palabras elegidas, docencia y viditancia se funden en versos contundentes que incorporan el decir de les otres a la cadencia propia del fluir. Un libro donde confluyen fuerzas pensantes y sintientes que embellecen a la vez que iluminan la historia de los vaivenes cotidianos al trasluz de este pez que filtra y reverdece en una ventana que se enciende en los vidrios faltantes contra un jardín donde crecen los sueños.

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