A propósito de “El mundo oculto: la estufa, el fuego, las hadas”, de Maia Coletto.

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orcalumis/la grieta – 2021.

Un “terminar” que se instituye como inicio, de otra cosa nueva y diferente, otro proceso que da continuidad a la obra: el de la edición. Luego de la impresión se sumará, también, la presentación en sociedad, luego las lecturas, las impresiones de lectura, todo lo que sobreviene a una publicación que echa a rodar.

En diciembre de 2019 Maia tenía doce años. Una mañana dejó sobre la mesa de luz su “libro terminado”: había estado algunos meses trabajando en él, lo venía comentando. Fue una sorpresa ver semejante pilón de hojas impresas, prolijamente acomodadas, con una dedicatoria multicolor hecha a mano, pegada sobre la bolsa transparente que contenía la obra. Había buscado por ahí un software gratuito para editar libros, siempre fiel a su trabajo de hormiga, incansable. Encontró uno que le dio una forma parecida a aquello conocido.

Sorprendente recorrido, que aun así no extraña en alguien que tiene tanto para decir desde la creatividad de su escritura precoz, obrera del teclado, hada japonesa (¡no hablamos aquí de exotismos orientales!) que parece salida de una fábrica (de sueños) que no se detiene y, más que seguir como autómata la línea de producción en serie, corta la cinta transportadora y se mete por la línea oblicua. La referencia a las huelgas niponas en las que se produce más de lo habitual como modo de protesta podría funcionar como analogía posible aplicable a un espíritu inquieto, que no se detiene y busca, que indaga y trabaja, y trabaja, dedicando tiempo a múltiples actividades por las que parece tener la misma intensa -inexplicable por momentos, desbordante- pasión.

¿Pero qué es esto de tantas hadas sueltas por ahí, divagando por esta narrativa? Un mundo muy cercano a algunas chicas de la edad, un mundo relativamente conocido o que, al menos, resuena. Sin embargo, el personaje principal no es un hada, sino una niña como la autora, que llega a ese otro mundo desconocido y parece tener una misión. Se habla también del fuego, acaso el dispositivo fantástico que conecta los mundos diversos creados con palabras.

Las hadas quizás son una excusa que dan marco a la historia de esta novela, que gira en torno a Lía y su derrotero por ese espacio ignoto que se va revelando de a poco. La autora se venía preguntando, en estado de angustia, durante un tiempo prolongado, qué pasa con la vida que tan poco se parece a las existencias noveladas atravesadas por la aventura. Una pregunta, en relación con por qué la vida real se asemeja tan poco a esas otras de los libros, que decantó en una crisis profunda cuyo eje primordial fue la determinación de no-querer-crecer. Como el entrañable Oscar, personaje de Günter Grass en “El tambor de hojalata”, que decidió detener su crecimiento cuando descubrió tempranamente el espanto del mundo adulto. Así, quizás, transitando una especie de decisión de pausa ante el desencanto, Maia escribió este libro que -filosóficamente hablando- se aproxima a algunas respuestas para aquellos interrogantes arraigados en su mirada triste hacia lo rutinario y aburrido de la adultez, imprescindibles destellos de esperanza existencial, más allá de cualquier papel cuadriculado.

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