UN NORTEAMERICANO EN EL KREMLIN

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Por HUGO BONIGO

El periodista y poeta norteamericano John Reed ostenta una extraordinaria particularidad: es el único estadounidense cuyos restos fueron sepultados en el Kremlin junto a los más encumbrados líderes soviéticos.

Considerado como el máximo cronista de la revolución rusa de 1917, John Reed nació en octubre de 1887 en Portland, en la costa del Pacífico. Creció en el seno de una familia burguesa estadounidense. Su madre pertenecía a una familia conservadora que había hecho fortuna con la minería. Su padre fue un hombre de negocios en la industria maderera de Oregón, pero también un luchador. Cuando los monopolios se apoderaron de los bosques y otras riquezas naturales del Estado, inició una lucha encarnizada en contra de ellos. A raíz de eso fue perseguido, combatido a muerte, y despedido de su empleo. Sin embargo, jamás se rindió ante sus enemigos.

En el colegio secundario Reed participó en el periódico escolar y comenzó a desarrollar su pasión por el periodismo y las letras. En septiembre de 1906 viajó a Boston para estudiar en Harvard, la más antigua y privilegiada universidad norteamericana, y fue cumpliendo con los pasos que se esperaban de él, aunque llevaba en los genes el carácter luchador y justiciero de su padre. Y a pesar de los esfuerzos de la madre, que trataba de imponerle su visión conservadora de la política, su vida fue tomando otros rumbos vinculados a las luchas sociales y a las revoluciones.

Allí en Harvard escribió para las dos revistas universitarias, satirizando a los snobs y soberbios estudiantes aristócratas que poblaban la universidad.

En 1911, cuando tenía 24 años, fue corresponsal de guerra del Metropolitan Magazine en México y allí tomó contacto y cubrió las alternativas de la revolución de Pancho Villa. De esa labor surgió un libro: “México Insurgente”. También escribió sobre las huelgas de los mineros de Colorado, que se habían revelado contra Rockefeller en 1914, y al estallar la Primera Guerra Mundial, volvió a trabajar como corresponsal de guerra, y escribió en 1916 “La guerra en el este de Europa”.

SU LLEGADA A RUSIA

Cubriendo la Primera Guerra Mundial llegó a Rusia, que estaba en plena efervescencia revolucionaria y allí también siguió sus investigaciones periodísticas. Por haber denunciado a los funcionarios zaristas y haber revelado documentación que probaba su participación en la organización de las matanzas antisemitas fue detenido, aunque al poco tiempo logró escapar.

Conoció a Lenin, y estuvo presente en San Petersburgo durante las jornadas de octubre-noviembre de 1917 en las que tuvo lugar el II Congreso de los Soviets de Obreros, Soldados y Campesinos de toda Rusia y durante las semanas posteriores en que el congreso, liderado por el Partido Socialdemócrata Obrero de Rusia (bolchevique), decidió la toma del poder bajo el programa básico de conseguir una paz justa e inmediata, el control obrero de la industria y la reforma agraria en el campo.

Reed, acreditado como periodista, hizo un seguimiento diario del proceso revolucionario, asistiendo a las multitudinarias asambleas y entrevistando a los principales dirigentes del momento, e hizo una crónica diaria de la Revolución de Octubre.

En algunas oportunidades, y por cortos períodos, Reed regresaba a los Estados Unidos pero no para descansar sino para exponer las causas de las inequidades que observaba en sus viajes. En una de esas ocasiones denunció la situación en México, señalando que ese país estaba “sumido en la revuelta y el caos. Pero la responsabilidad de ello no recae sobre los peones sin tierra, sino sobre los que siembran la inquietud mediante envíos de oro y de armas, es decir, sobre las compañías petroleras inglesas y norteamericanas en pugna”.

En uno de esos viajes, al desembarcar en el puerto de Nueva York en 1918, los agentes de la Procuraduría de los Estados Unidos lo despojaron de una enorme cantidad de documentos para una de sus investigaciones. Logró, sin embargo, rescatarlos y ponerlos a buen recaudo en su pequeño cuarto neoyorquino donde, entre el estruendo de los trenes y los subterráneos escribió su libro más exitoso y el que ha perdurado a lo largo de los años: “Diez días que estremecieron al mundo”, un relato de primera mano con los detalles y el día a día de la revolución bolchevique, publicado al año siguiente, en 1919.

Las autoridades norteamericanos no tenían el menor deseo de que ese libro llegase a conocimiento del público. En seis ocasiones se introdujeron en las oficinas de la casa editora, tratando de robar el manuscrito. Una fotografía de John Reed lleva esta dedicatoria: “A mi editor, Horace Liveright, que ha estado a punto de arruinarse por lanzar este libro”.

En 1919 Reed volvió a Estados Unidos y junto con otros miembros fue expulsado del Congreso Socialista Nacional realizado en agosto. El grupo disidente formó el Partido Comunista de Estados Unidos, pero su vida volvió a complicarse.

En otro momento de aquel año John Reed emprendió un viaje clandestino rumbo a Nueva York, pero en el trayecto fue denunciado por uno de los marineros, lo obligaron a desembarcar y quedó detenido por un tiempo en Finlandia. Desde allí escapó y volvió a Rusia, escribió en las páginas de la Internacional Comunista, reunió documentos para un nuevo libro, fue enviado como delegado al Congreso de los pueblos de Oriente, celebrado en Bakú, pero había contraído el tifus, y la enfermedad más el agotamiento producido por el exceso de trabajo no le permitieron recuperarse y murió el 17 de octubre de 1920, cuando tenía 32 años.

Recibió uno de los mayores honores a los que un extranjero podía aspirar: sus restos fueron colocados en la Plaza Roja de Moscú, al pie de las murallas del Kremlin. Sobre su nicho se ha colocado una piedra de granito sin pulir en la que se lee: “John Reed, delegado a la Tercera Internacional, 1920”.

Reed escribió cuatro libros, tres obras de teatro, 54 poemas, 41 cuentos y 192 relatos. Su corta vida, volcada fundamentalmente a lo intelectual y militante opacó un pasado como gran deportista: en Harvard formó parte del equipo universitario de fútbol americano, fue un buen nadador y jugador de waterpolo y, dicen las crónicas deportivas de su época, era capaz de correr los 100 metros llanos en diez segundos, una marca muy respetable hasta la actualidad.

PELICULAS SOBRE SU VIDA

La película “Reed, México insurgente” se estrenó en 1973. Fue la opera prima del director mexicano Paul Leduc, y cuanta la vida de Reed en México como reportero de la Revolución en el año 1913. En 1981 se estrenó “Reds” (Rojos), una película basada en su vida y su obra, dirigida, producida, escrita y protagonizada por Warren Beatty.

En ese 1981 se estrenó “Campanas rojas” también está basada en su vida, dirigida por el soviético Sergei Bondarchuk, con las actuaciones de Franco Nero y Ursula Andress. En México y América latina se la conoció con el nombre de “México en Llamas”. La segunda parte de la película abordó la vida de Reed en la Rusia soviética y se llamó “Rusia 1917”. Ambas películas fueron coproducidas entre México, Italia y la Unión Soviética.

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