En La Ruina es “un libro indispensable para los lectores”

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 Por: Adrián Moyano

El autor, Rafael Urretabizkaya

El escritor de San Martín de los Andes concibió una historia que no puede tener lugar en otro sitio que no sea la cordillera patagónica, a la altura de Neuquén. Elogiosos conceptos de María Teresa Andruetto.

En las ciencias sociales o humanas, la discusión está instalada hace unas décadas y puede resumirse en la dicotomía universalismos vs particularismos. ¿Hay reglas, fenómenos y experiencias si no idénticos, parecidos en la multitud de sociedades que conforman el mundo, susceptibles de interpretarse a través de una teoría? O más bien, ¿cada realidad es exclusiva y requiere de una descripción rigurosa y “localmente situada” para poder entenderse según su propia lógica?

No sabemos si Rafael Urretabizkaya está interesado en los apasionados debates que se producen alrededor de esa tensión, pero su novela “En La Ruina” está firmemente instalada en la exclusividad cordillerana patagónica que como se verá, es única e irrepetible por múltiples confluencias: dos de sus protagonistas forman parte de un pueblo que perdió territorios y libertad durante la conformación del Estado del cual formalmente, son ciudadanos; su memoria de largo plazo remite a un episodio cuya actualización puede tener consecuencias centrales para la vida presente del paraje escenario; las redes de clientelismo político que operan en la zona asumen características propias y por último -para esta enumeración-, su ambientación en una coyuntura política contemporánea también es particular.

Vayamos por partes. En el ambiente literario de la región, Urretabizkaya es un nombre de peso, aunque se sabe, la repercusión comercial es otra cosa. Sin embargo, libros suyos como “Aimé” (2000) en coautoría con Willie Arrué, se reimprimió en cinco oportunidades. Reside en San Martín de los Andes hace casi cuatro décadas y supo ganarse la vida como maestro rural, desempeño que explica que conozca a la perfección la versión del castellano que se habla en el interior neuquino, cercano a la cordillera. A vocablos como “habitacionó”, “coltro”, “rosillo”, “destungar”, “tungo” o “ñiranto”, los subraya en rojo el corrector del procesador de texto y difícilmente interesen a la Real Academia Española, pero precisamente, se entienden en un contexto que tiene su propia lógica, como teoría y práctica.

“En La Ruina” se había publicado en 2013 a través de una editorial pública. Publicar a través de los sellos de esas características tiene sus pros y sus contras. Entre los segundos, el desinterés por la circulación comercial de los libros tiende a conspirar contra la llegada que merecen obras como la que comentamos. Esa lejanía motivó que seis años después, aunaran esfuerzos Ediciones De La Grieta (San Martín de los Andes) y Vela al Viento – Ediciones Patagónicas (Comodoro Rivadavia) para su relanzamiento. Felizmente.

 

Sobre la amistad

En comunicación personal con el que firma, Urretabizkaya definió con humildad que su novela es “sobre la amistad” y es cierto. Pero los amigos son dos jóvenes mapuches, uno vive en una comunidad, marchó a estudiar a Neuquén y el otro es “urbano”, con las tensiones que existen todavía entre ambas maneras de pertenecer a ese pueblo. He ahí una elección por parte del autor porque amigos hay en todos lados y de todas las condiciones sociales. El tercero en entrar en escena es un entrerriano que migró a la capital de la vecina provincia para poner distancia entre su vida y la pobreza que auguraba determinada coyuntura, luego sabremos, de los 90. Y el cuarto amigo, un tío bastante mayor que los pibes, camionero solidario que sueña con la utopía de una “huelga general para toda la vida” pero está en la antítesis de los Moyano y del estereotipo del camionero.

Más certero que el cronista de El Cordillerano, María Teresa Andruetto definió para la contratapa de la edición que “compleja y a la vez sencilla, En La Ruina es una novela de iniciación que narra de un modo nuevo el viaje de un héroe. Un héroe de pelaje también nuevo. Un héroe y su ladero. Un héroe y su acompañante. Un originario y un poblador. Dos jóvenes y una manera también nueva de construir un relato milenario. Un viaje iniciático a la ciudad, a sus obstáculos, hacia su potencialidad para marginar, para despreciar”.

Para la gran escritora -Premio Hans Christian Andersen 2012-, se trata de “un viaje necesario hacia el interior de ellos mismos con todos los obstáculos que hace falta sortear para que se produzca un cierto modo de salvación, de recuperación, de conciencia. Un viaje hacia la propia identidad individual y colectiva”. Según Andruetto, el de Urretabizkaya es “un libro indispensable para los lectores, muy especialmente para los jóvenes, porque deja ver, entre palabra y palabra, la tremenda humanidad del hombre que lo ha escrito”.

A propósito, humanidad es un concepto universal. Pero hay humanos que deciden “bombardear pueblos por si acaso”* y otros que parecen condenados a recibir esos bombazos. Sin ir tan lejos geográficamente, hubo humanos que durante siglos se organizaron para arrebatar sus territorios a otros humanos cuyas herederos todavía hoy, padecen ese despojo. La clasificación del Panza Verde -el entrerriano que migró a la construcción neuquina- quizá resulte tan lineal como acertada cuando le dice a su amigo mapuche: “yo la única raza que conozco es la de los que nos doblamos el lomo… y la otra”. Recién llegaba y todavía no entendía la cuestión de las comunidades y precisamente, las razas. La acción transcurría en los 90. En la actualidad, en vez de razas primeras naciones dicen en Norteamérica. Pueblos originarios por aquí. Humanidades otras “localmente situadas”. Urretabizkaya -el origen de su apellido es indisimulable- las conoce a la perfección porque de ellas participa. De ellas escribe. ¡Y cómo!

*La frase la pronunció en 2004 José Luis Rodríguez Zapatero, ex jefe de Gobierno español, para condenar la actuación estadounidense y británica en Irak.

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