Trasandinia en Comodoro

Share Button

     Trasandinia en Comodoro es viaje, vuelo en bandada como niños en ronda, deleite de siesta en ese andar. Aquí nacemos a la felicidad de simplemente estar juntos, naciendo a lo compartido en voces. Volar y andar entre un peldaño y otro. Simplemente reír desde el corazón a la garganta con más ganas que sueño.

      Después del barullo de un día de feria buscamos el momento para darnos de leer. Nos disponemos a escucharnos en la intimidad de la palabra que nos convoca.

      Tórtora trae poemas no leídos en público de su Cuatro de Copas. Reis lee un inédito con Sarmiento y más desde su celular. Tamara nos sacude con el látigo de lo cotidiano. Tusta toca temas nuevos y otros que sabemos todos y nos lee un poema. Marisa se sale de su anfibio vestido y se transforma en tigre y en pantera. Venturini  recurre al Nogal y a la memoria. Traemos lo mejor que tenemos en ese momento para compartirlo en el grupo. Todo cobra sentido cuando leemos y escuchamos.

     Gobbo nos muestra que hay un mar más allá de esa ventana:

el resto es mar solo mar y apenas mar

en su oleaje perpetuo

contra nosotros anclados en el tiempo

     Y hay un caos allí, pero María Martha insiste en ser normal aunque sea por un día. Con su voz de frontera derribada nos arroja de labios hasta el fondo para encontrar el eco de la luna, testigo irremediable, faro siempre, al este y al oeste, ritmo de mar y cielo contra viento y marea.

       Entre los paralelos 41 y 42 hay historias de gente de la tierra y sus silencios amarrados en carne y en trabajo, galopes y brazadas de leña en los fogones, sueños de pájaros, penurias acalladas y recogidas por la voz de Vildo.

      Hace unos días Cari compartió un artículo del diario La Vanguardia sobre la lectura en voz alta como un acto de amor, “un alimento increíble para el corazón, la mente y la imaginación… un  calmante en el alma en la voz afectuosa de los otros”. Allí Juan Mata habla de “conleer, como conversar, compartir, convivir, acompañar, confiar, consolar, comprender”. En eso estamos mientras trasandamos, en darnos de leer y en recibirnos pan fresco como agüita que baja de los cerros. En esta vibración de la voz compartida traemos lo que amamos, lo que más nos gusta, y lo ofrecemos en la mesa común de la poesía. Esta respiración nos alimenta.

Comentarios

Comentarios