“Ñawpa Guazú” ya está entre nosotros

Después de cuatro libros que Ediciones De La Grieta editara de El Rafa, empezando en el lejano “Carlito, el carnicero” en 2004, pasando por una segunda edición de “Aimé”, “Informe sobre aves” y “Sarita y ese tipo”, llega esta imponente obra: “Ñawpa guasú”.

Últimamente leo mucha poesía, demasiada para mis gustos literarios, pero esto no me habilita ni un poquito a creerme un crítico, sino apenas un lector que escribe sobre un amigo que no para de asombrarlo.

Hace muy poco, en la casa de la poeta Cristina Venturini, uno de los grandes poetas neuquinos: Raúl Mansilla dijo algo que me quedó picando, dijo algo así como que estamos en tiempos de muchos poetas y mucha poesía, muchas palabras que no dicen nada. Hoy pulula, en muchos casos, la poesía sin sentido, sin fin, pero con medio, muchas palabras que van quitando aire, van dejando tierra calcinada donde muy poco germina. Hay como una vaga cobardía, un desgano, una melancolía de penar por algo que jamás cometerán.

Todo lo contrario a eso es la poesía de Rafael Urretabizkaya. Por algo crece en cualquier terreno. En esta nota no intento decorar un libro que admiro desde antes de leerlo, pero si me entusiasmo preguntándome a qué altura de su poesía El Rafa se convirtió en este referente de cualquier tipo de lector.

Sigo la pista de su lenguaje desde “Carlito, el carnicero”, sin embargo todo se me complica, un pelito fuera de lugar, un pucho con rouge, una pisada número 43 en la tierra húmeda me cambia el libreto y siento que con cada libro empiezo de cero.

“Ñawpa Guasú” me enreda en la magia de lo cotidiano, aunque nada es lo que parece en este libro, ni los Titanes en el ring son falsos luchadores que trabajan por el morfi sino magos en Torino, ni el ciruelo de su casa es un árbol que da frutas, sino un ensayo filosófico sobre la vida. Y así como el padre y los tíos del Rafa no arman un Ford T en la terraza, sino que desarman un largo sueño de viajes, el autor de Ñawpa… nos miente, pero no como un farsante sino como un ilusionista. Les hace creer a todos (no sólo a los poetas) nuevamente en la poesía, en la facilidad de que las palabras simples son las más complejas de presentar y que los temas más triviales como patear una piedrita de la casa del negro hasta la suya o la inmensidad de sentidos que existen en dos mujeres que arman el cartel con el nombre de su calle, son un espejismo (o un oasis), entre tanta fraseología encriptada.

“Ñawpa Guasú”, ya lo tenemos entre nosotros. Con ilustraciones de Pedro Hasperué, Prólogo de Taty Montes

Ediciones De La Grieta: 2017

 

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